
Realmente necesitaba estar allí
Crecí sintiéndome sola, no deseada y rota. No creía que nadie fuera a entender nunca el dolor por el que había pasado y sigo pasando. En cuanto se abrieron las puertas del Retiro Saprea, ¡podías sentir el amor y la calidez! Estaba muy nerviosa por estar allí, pero podía sentir que no había lugar para nada más que para el amor, el aprendizaje y la sanación.
Creé un vínculo con las otras mujeres que estaban allí, y aprendí que puede que tengamos historias diferentes, pero todas conocíamos y comprendíamos el dolor de las demás sin tener que decir ni una palabra. Me sentí segura y querida.
No sabía cuánto necesitaba estar allí hasta que estuve allí. Saber que no estaba sola en mis sentimientos supuso una gran diferencia. Estar en el retiro me ha enseñado, y me sigue enseñando, que VALGO; que soy amada y puedo amar. Es una jornada; una que aún no he terminado, ¡pero que me entusiasma continuar!
-Gabby, Sobreviviente
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